Oda al páramo
Nunca había sido tan difícil regresar a Maracaibo como ahora en Semana Santa. Después de haber
pasado cuatro días sin comparación por todo lo alto en el Estado Mérida. Un viaje que alcanzó para todo....un viaje, pagado por supuesto por el premio gordo de la lotería una semana antes. Un viaje que empezó el lunes 10 y que no podrá terminar, porque se crearon buenos e inolvidables recuerdos que quedarán marcados en mi mente para siempre, con la mejor compañía que uno puede desear en un momento y lugar perfectos.
pasado cuatro días sin comparación por todo lo alto en el Estado Mérida. Un viaje que alcanzó para todo....un viaje, pagado por supuesto por el premio gordo de la lotería una semana antes. Un viaje que empezó el lunes 10 y que no podrá terminar, porque se crearon buenos e inolvidables recuerdos que quedarán marcados en mi mente para siempre, con la mejor compañía que uno puede desear en un momento y lugar perfectos.Como dije, alcanzó para todo: nos dio tiempo de conocer -por fin- a dos grandes
sobrevivientes del hombre: Combatiente y Anicsi, últimos ejemplares del cóndor de los andes que, junto a otra pareja mantenida en cautiverio en los Chorros de Milla, constituyen lo que queda de esta magnífica especie. Nos enteramos que por su problema de apareamiento y por la persecución del hombre no es posible dejarlos en libertad actualmente, una lástima, pero a pesar del encierro, el cóndor tuvo tiempo de pavonearse frente a la gente que -como yo- sacábamos fotos sin cesar, como diciendo "aquí estoy todavía payasos, admirenme". Y así lo hice.
sobrevivientes del hombre: Combatiente y Anicsi, últimos ejemplares del cóndor de los andes que, junto a otra pareja mantenida en cautiverio en los Chorros de Milla, constituyen lo que queda de esta magnífica especie. Nos enteramos que por su problema de apareamiento y por la persecución del hombre no es posible dejarlos en libertad actualmente, una lástima, pero a pesar del encierro, el cóndor tuvo tiempo de pavonearse frente a la gente que -como yo- sacábamos fotos sin cesar, como diciendo "aquí estoy todavía payasos, admirenme". Y así lo hice. En el mismo día tuvimos chance de subir al Observatorio de Llano el Hato (CIDA), que sólo abre en temporadas especiales, ya que trabaja únicamente 100 de las 365 noches del año. Para mayor fortuna, estaban reinagurando ese mismo día uno de los telescopios que no funcionaba desde el 97. Pudimos observar la luna a través de éste y todo, muy a pesar del intenso frío que dominaba la montaña. El tour duró como 2 horas y valió definitivamente la pena.
La visita obligada a la Laguna de Mucubají, la Venezuela de Antier y la Capilla de Juan Félix
Sánchez complementaron el paseo, pero lo verdaderamente valioso fue poder compartirlo con una persona digna, perfecta, y tan increíblemente hermosa que se confundía con la belleza de los parajes andinos. Digo digna, porque el problema de muchas personas que invaden zonas como La Puerta, La Mesa y Mérida en asuetos de carnaval -maracuchos especialmente- , están tan habituadas a convertir aquello en una simple ocasión para viajar, beber y sacarle el jugo a los equipos de sonido, que olvidan lo que tienen alrededor. ¿Qué tienen alrededor?.
Sánchez complementaron el paseo, pero lo verdaderamente valioso fue poder compartirlo con una persona digna, perfecta, y tan increíblemente hermosa que se confundía con la belleza de los parajes andinos. Digo digna, porque el problema de muchas personas que invaden zonas como La Puerta, La Mesa y Mérida en asuetos de carnaval -maracuchos especialmente- , están tan habituadas a convertir aquello en una simple ocasión para viajar, beber y sacarle el jugo a los equipos de sonido, que olvidan lo que tienen alrededor. ¿Qué tienen alrededor?. Yo apuesto a que ni la mitad de esos 100mil temporadistas -cifras de Panorama- que asotaron La Puerta durante el fin de semana sabe un comino de este importante y tradicional pueblito trujillano. Sin importar cualquier clase de lección histórica, geográfica o social, la gente simplemente se conforma con eso, "ser gente", comportarse como una masa inerte cuya única prioridad consiste en el viejo "consumir e imitar", señal de los tiempos modernos que obliga a perseguir las últimas tendencias como si no hubiera más remedio que hacerlo. La Puerta, lamento decirlo, no es ni la sombra de lo que solía ser hace unos 15 años. Tuvimos la oportunidad de "pasar" a través del pueblo cuando veníamos de regreso, y la sorpresa fue bastante desagradable: cola desde las inmediaciones de Valle Verde hasta el otro extremo, comercio digno del mercado las pulgas, centros comerciales, gente, gente, gente, gente. De aquello sólo queda el desagrado por parte de los habitantes de La Puerta, los cuales se quejan constantemente del trato, el desorden y el abuso de los invasores maracuchos que se llevan todo por delante a su paso como langostas.
Gracias a Dios la estrategia fue no tropezar con aquello. Refugiados en las inmediaciones de Apartaderos y protegidos por el repelente frío del páramo, estuvimos a salvo de haber realizado un viaje tan largo para acabar en Maracaibo de nuevo, pero a diferente altitud. Reina y yo tenemos tantas cosas en común, que a medida que vamos encontrando más, las condiciones se van dando para que cada vez sean mejores, y el viaje no fue la exepción. Encontrando lo valioso de cada momento, pudimos disfrutar al máximo el sabor de una cachapa andina, o de una trucha con arepa, visitando las casas de artesanía -de donde nos trajimos muchas cosillas jejeje- y conociendo a la gente...y tratándonos de explicar de donde sacan tanta paciencia para, año tras año, tratar a las personas de una manera en la que sólo ellos saben.
Mi cuñado Ronald, que pasó allá su luna de miel, presenció una "pelea" entre dos amigos de mérida que por poco chocan:
Gocho 1: "oiga, por poco me llega, ¿que no ve que yo tenía derecho a paso?"
Gocho 2: "tiene usted razón, disculpe caballero"
Gocho 1: "no se preocupe usted, que tenga un buen día"
Todos imaginamos cómo se hubiera escrito la novela si esto hubiese ocurrido en nuestras calles. Probablemente hubiese acabado en Panorama, con gente herida.
Entonces, en una noche de aquellas, mientras veíamos cómo se nevaba el P
ico Mucuñuque tomando chocolate caliente y escuchando en la lejanía el galopar de los caballos (no existe un sonido mejor que aquél en la inmensidad de ese silencio), reflexionábamos lo bien que la estábamos pasando estando de acuerdo. Qué triste se habia vuelto la vida de esas personas que veíamos tan desorientadas en la vida, que no encontraban la razón de su existencia entre tanto escalafón, entre tanta carrera. Procurando escalar posiciones, ser importantes, ser vistos y escuchados por todos, procurando ser mejores que todos a cualquier costa, para luego poder pavonearse como el Cóndor: admírenme. No, eso no es lo que busco yo, y ciertamente tampoco Reina. Reflexionando y concluyendo, la vida es demasiado corta, demasiado efímera como para andar viviendola por ahí limitados por prioridades tan vacías como el consumo y la imitación. La vida está llena de demasiadas cosas como para ignorar -de forma deliberada o no- que muchas veces el verdadero valor de los momentos que la vida nos da está en la simplicidad, en la belleza de saber encontrar la felicidad en la sencillez de las cosas. Muchas veces se nos olvida, y por eso tenemos que re-dirigir el curso, replantear los objetivos. Y ojo, no estoy leyendo ningún libro de autoayuda o algo por el estilo (aunque muchos que he leído son excelentes), sólo estoy comentando impresiones de un viaje que me llenó totalmente las expectativas, y me dió más aprendizaje del que pensé que podía tener.
ico Mucuñuque tomando chocolate caliente y escuchando en la lejanía el galopar de los caballos (no existe un sonido mejor que aquél en la inmensidad de ese silencio), reflexionábamos lo bien que la estábamos pasando estando de acuerdo. Qué triste se habia vuelto la vida de esas personas que veíamos tan desorientadas en la vida, que no encontraban la razón de su existencia entre tanto escalafón, entre tanta carrera. Procurando escalar posiciones, ser importantes, ser vistos y escuchados por todos, procurando ser mejores que todos a cualquier costa, para luego poder pavonearse como el Cóndor: admírenme. No, eso no es lo que busco yo, y ciertamente tampoco Reina. Reflexionando y concluyendo, la vida es demasiado corta, demasiado efímera como para andar viviendola por ahí limitados por prioridades tan vacías como el consumo y la imitación. La vida está llena de demasiadas cosas como para ignorar -de forma deliberada o no- que muchas veces el verdadero valor de los momentos que la vida nos da está en la simplicidad, en la belleza de saber encontrar la felicidad en la sencillez de las cosas. Muchas veces se nos olvida, y por eso tenemos que re-dirigir el curso, replantear los objetivos. Y ojo, no estoy leyendo ningún libro de autoayuda o algo por el estilo (aunque muchos que he leído son excelentes), sólo estoy comentando impresiones de un viaje que me llenó totalmente las expectativas, y me dió más aprendizaje del que pensé que podía tener. Definitivamente me considero "polar", es decir, de ambiente frío, aún cuando el proceso de aclimatación llegara con un poco de retraso. También me considero muy afortunado al tener el mejor equipo de viaje conmigo: mi novia hermosa, Dios -a quien no olvidamos en Semana Santa, como suele pasar- y "Schumi" (el starlet), de quien estoy bien orgulloso. El resto quedará para nosotros, marcados en esos inolvidables días que estuvimos rodeados de frío y frailejón. Próxima parada: la playita otra vez, para visitar al futuro papá de Punto Fijo, y si Dios quiere, luego una excursión a la Quebrada del Vino, esa sí con amiguitos.
Eso es toddy, las fotos están en mi space....y mientras vamos bajando del pico, a más de 4.000 metros sobre el nivel del mar, y maravillados ante la sensación de libertad que brinda la inmensidad de las montañas, no podemos sino pensar en lo desagradable que es regresar a la ciudad, pero con la esperanza de volver algún día al páramo, donde siempre tendremos un lugar, donde no llegan las malas noticias del mundo, donde el chocolate y las cachapas saben mejor....vamos bajando y sonreimos al llegar a la misma conclusión: que viva la lotería!!

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