INFIERNO GRUPAL
Existen varias ventajas a la hora de asignar un trabajo en grupo, especialmente si se trata de grupos de numerosos integrantes. Estas ventajas aplican tanto para ciertos miembros del grupo como para el profesorado, el cual recibiría sin duda el mayor beneficio de la estrategia: corregir menos. Otra ventaja palpable de algunos profesores universitarios gira en torno a la “necesidad innecesaria” de tener que conocer a sus estudiantes y tratarlos como entes individuales, aprender de ellos así como ellos aprenden de él. En este caso el docente limita su capacidad en manejarlos como masa, para pasar directamente a lo que es la evaluación del producto: o TODOS lo hicieron bien, o TODOS lo hicieron mal. No hay término medio.
Pero veamos algunas consideraciones con respecto a los estudiantes. Sin duda que existen diferentes puntos de vista y sin duda que muchos de nosotros habremos pasado experiencias tan desagradables como ninguna cuando hemos tenido el lamentable reto de trabajar en un grupo indeseable.
Tomaremos como base o individuo de control un grupo estándar, conformado por cinco (5) integrantes.
CASO I:
4 trabajan, 1 no.
Este es uno de los casos más comunes observados en el ambiente universitario: de los cinco integrantes, 4 han luchado contra las diferencias que pueda haber entre ellos y se han decidido a sacar adelante el trabajo, entrando en conciencia que, después de todo es su propia nota la que está en juego. Un caso extraño lo constituiría el ejemplo de que los cuatro integrantes sean en verdad amigos y se lleven bien, pero para ambos aplica el mismo factor: el integrante restante.

Es este el integrante al que se le suele denominar “fantasma” (en la foto), y no se aparece sino hasta al momento final, uno o dos días antes de presentar el trabajo final (el que los 4 miembros restantes hicieron dejando el pellejo y los huesos). Este “integrante fantasma” también puede alegar cualquier clase de atenuante a su favor: enfermedad grave (sífilis, leucemia, gripe aviar, etc), o muerte de alguno de sus familiares, para lo cual sería inteligente realizar la investigación pertinente y descubrir la verdad (o la mentira).
CASO II:
3 trabajan y 2 no.
Es el
clásico “Eje y Aliados”, observado por la Universidad de Míchigan en el año 77. Los tres integrantes que sí quieren trabajar harán caso omiso a cuanto ataque y despotricamiento puedan ofrecer los otros dos miembros del grupo para ofrecer trabas que impidan las reuniones. Ellos simplemente se ocuparán de trabajar de su cuenta y probablemente no les avisen a los otros 2 de las pautas de trabajo. En consecuencia, los dos miembros restantes conformarán una alianza denominada como EJE (término utilizado en la segunda guerra mundial para designar la alianza entre la Alemania nazi y la Italia fascista), cuyo objetivo primordial será llevar a la destrucción a su oponente: la ALIANZA (igual que el anterior, pero en este caso Inglaterra, USA y Rusia son los países), muy a pesar de que la nota del trabajo sea para los cinco en total.
Las armas utilizadas en esta contienda del Eje serán: los papelitos, planfletos para desacreditar y el muy importante y decisivo brollo de pasillo, que tiene el mismo efecto que la onda expansiva de la bomba atómica. La Alianza sólo cuenta con una herramienta para defenderse de todo aquello: la diplomacia y la madurez.
CASO III:
2 trabajan y 3 no.
Parecido al caso anterior pero a la inversa. Trágicamente se voltean los papeles en este caso y ya no puede hablarse de Alianzas ni Eje ya que la vagancia es mayoría y como resultado de ello las pautas de trabajo –si alguna existiese- serán dictadas por ellos, incumplidas por ellos y la culpa residirá en los 2 integrantes que sí quieren trabajar, pero fallarán duramente en el intento de integrarse al modo de vida de los otros tres. Por ende, la enemistad será el patrón dominante en este “grupo”, que olvidará lo más que pueda la ejecución del trabajo hasta la fecha tope de entrega si es posible, para la cual los puntos serán repartidos entre los integrantes y su desarrollo dependerá exclusivamente del azar.
Como producto de una mala administración y ausente liderazgo, los puntos no serán desarrollados a plenitud, lo que traerá como consecuencia una nota deficiente que irá conforme a la siguiente escala:
· 01 a 05: Merecido.
· 06 a 09: Si hubiesen trabajado como es, hubiesen pasado.
· 10 a 15: Demasiada suerte, o el profesor fue sobornado.
· 16 a 20: -No aplica-
CASO IV:
1 trabaja, 4 no.

En este caso no existe el grupo. Es una situación muy común y se puede afirmar con seguridad que de este caso es que nacen los buenos profesionales de cada área. El integrante, al ver que no cuenta con la ayuda ni disposición de los demás miembros de su equipo, buscará asesoramiento en otras fuentes, contando además con todo el respaldo del docente en este caso. De esta manera, al momento de “rodar cabezas” si el trabajo no pudiese ser terminado, rodarán de manera INDIVIDUAL, salvando el integrante su participación. En la otra cara de la moneda, si el trabajo fuese terminado por el integrante, éste no objetará la ausencia de participación de los demás miembros, sino que dejará al destino como ejecutor de sus propias mediocridades.
Está demás decir que el integrante responsable será visto por los demás como antisocial, egoísta, mezquino e inclusive extraterrestre, ataques para los cuales él no se molestará en absoluto y seguirá la carrera hacia su título, esperando no ser víctima en lo sucesivo de una elección de grupo similar.
OTROS CASOS: EL FACTO CERO
Es importante considerar el FACTOR CERO como posibilidad, en la que ocurren dos cosas: nadie trabaja, caso muy extraño en el que se puede observar que los integrantes del equipo van abandonando uno a uno la universidad, o el utópico caso en el que los cinco integrantes trabajen. Como dije, es una fantasía que raras veces se torna en realidad, porque la experiencia ha demostrado que es muy difícil que la eficiencia sea el norte de cada uno de los integrantes por igual. Está en la naturaleza humana el pensar: “si otro lo va a hacer, entonces ¿por qué debería yo hacerlo?” y otros tantos clichés y frases negativas que no vale la pena nombrar. DE por sí, la iniciativa de aportar no existe en todos los miembros del grupo, por lo que ésta debe ser fomentada por el que asuma el rol de líder (pobre carajo) para así intentar mantener a todos en sintonía.
Algunos grupos pueden tener la capacidad de ir cambiando conforme se vaya desarrollando el trabajo, para lo cual el elemento clave es el control que pueda tener ese líder sobre su grupo. En lo personal, más de una ocasión he sido víctima de motines dignos de un barco pirata. Se puede decir también que he podido ser sujeto en todos los casos arriba mencionados, y lo único que sé con certeza es que la experiencia en verdad deja enseñanzas. Expulsar “integrantes fantasmas” no me hubiese pasado por la cabeza nunca en el colegio, y ciertamente tampoco en los primeros semestres de la universidad, pero conforme uno va dedicándose y entregándose al trabajo, uno va adquiriendo esa sangre fría que le acaba la tolerancia a esa actitud mediocre, explotadora y lastimosa de la que no se quiere ser parte.
En mi universidad me han catalogado ya como una persona seria y déspota, como un dictador que no considera más opiniones que la suya propia. Como dije, al final sólo quedará en la conciencia de cada quien lo que las personas trabajaron o no trabajaron, si se encargaron de mejorar como personas o profesionales o si más bien estaban muy ocupados buscando la destrucción de los demás. A todos ellos les digo: me importa un rábano.
Espero que hayan disfrutado este desahogo, no es un reproche, al contrario, es una manera de hacer divertida una situación demasiado penosa como para ser relatada. Si nos ponemos a ver, son estas pequeñas cosas de la vida las que nos hacen sentir mejores cada día, no con respecto a esa gente mediocre, sino con respecto a uno mismo, porque a pesar de todo, uno sigue cayendo en esas situaciones, pero sigue levantándose y haciendo caso omiso a cuanto brollo de pasillo le lancen.
No hay grupos perfectos, nunca me había quedado más claro. Pero no es un mundo perfecto tampoco. ¡Sería demasiado aburrido!
Pero veamos algunas consideraciones con respecto a los estudiantes. Sin duda que existen diferentes puntos de vista y sin duda que muchos de nosotros habremos pasado experiencias tan desagradables como ninguna cuando hemos tenido el lamentable reto de trabajar en un grupo indeseable.
Tomaremos como base o individuo de control un grupo estándar, conformado por cinco (5) integrantes.
CASO I:
4 trabajan, 1 no.
Este es uno de los casos más comunes observados en el ambiente universitario: de los cinco integrantes, 4 han luchado contra las diferencias que pueda haber entre ellos y se han decidido a sacar adelante el trabajo, entrando en conciencia que, después de todo es su propia nota la que está en juego. Un caso extraño lo constituiría el ejemplo de que los cuatro integrantes sean en verdad amigos y se lleven bien, pero para ambos aplica el mismo factor: el integrante restante.

Es este el integrante al que se le suele denominar “fantasma” (en la foto), y no se aparece sino hasta al momento final, uno o dos días antes de presentar el trabajo final (el que los 4 miembros restantes hicieron dejando el pellejo y los huesos). Este “integrante fantasma” también puede alegar cualquier clase de atenuante a su favor: enfermedad grave (sífilis, leucemia, gripe aviar, etc), o muerte de alguno de sus familiares, para lo cual sería inteligente realizar la investigación pertinente y descubrir la verdad (o la mentira).
CASO II:
3 trabajan y 2 no.
Es el
clásico “Eje y Aliados”, observado por la Universidad de Míchigan en el año 77. Los tres integrantes que sí quieren trabajar harán caso omiso a cuanto ataque y despotricamiento puedan ofrecer los otros dos miembros del grupo para ofrecer trabas que impidan las reuniones. Ellos simplemente se ocuparán de trabajar de su cuenta y probablemente no les avisen a los otros 2 de las pautas de trabajo. En consecuencia, los dos miembros restantes conformarán una alianza denominada como EJE (término utilizado en la segunda guerra mundial para designar la alianza entre la Alemania nazi y la Italia fascista), cuyo objetivo primordial será llevar a la destrucción a su oponente: la ALIANZA (igual que el anterior, pero en este caso Inglaterra, USA y Rusia son los países), muy a pesar de que la nota del trabajo sea para los cinco en total.Las armas utilizadas en esta contienda del Eje serán: los papelitos, planfletos para desacreditar y el muy importante y decisivo brollo de pasillo, que tiene el mismo efecto que la onda expansiva de la bomba atómica. La Alianza sólo cuenta con una herramienta para defenderse de todo aquello: la diplomacia y la madurez.
CASO III:
2 trabajan y 3 no.
Parecido al caso anterior pero a la inversa. Trágicamente se voltean los papeles en este caso y ya no puede hablarse de Alianzas ni Eje ya que la vagancia es mayoría y como resultado de ello las pautas de trabajo –si alguna existiese- serán dictadas por ellos, incumplidas por ellos y la culpa residirá en los 2 integrantes que sí quieren trabajar, pero fallarán duramente en el intento de integrarse al modo de vida de los otros tres. Por ende, la enemistad será el patrón dominante en este “grupo”, que olvidará lo más que pueda la ejecución del trabajo hasta la fecha tope de entrega si es posible, para la cual los puntos serán repartidos entre los integrantes y su desarrollo dependerá exclusivamente del azar.
Como producto de una mala administración y ausente liderazgo, los puntos no serán desarrollados a plenitud, lo que traerá como consecuencia una nota deficiente que irá conforme a la siguiente escala:
· 01 a 05: Merecido.
· 06 a 09: Si hubiesen trabajado como es, hubiesen pasado.
· 10 a 15: Demasiada suerte, o el profesor fue sobornado.
· 16 a 20: -No aplica-
CASO IV:
1 trabaja, 4 no.

En este caso no existe el grupo. Es una situación muy común y se puede afirmar con seguridad que de este caso es que nacen los buenos profesionales de cada área. El integrante, al ver que no cuenta con la ayuda ni disposición de los demás miembros de su equipo, buscará asesoramiento en otras fuentes, contando además con todo el respaldo del docente en este caso. De esta manera, al momento de “rodar cabezas” si el trabajo no pudiese ser terminado, rodarán de manera INDIVIDUAL, salvando el integrante su participación. En la otra cara de la moneda, si el trabajo fuese terminado por el integrante, éste no objetará la ausencia de participación de los demás miembros, sino que dejará al destino como ejecutor de sus propias mediocridades.
Está demás decir que el integrante responsable será visto por los demás como antisocial, egoísta, mezquino e inclusive extraterrestre, ataques para los cuales él no se molestará en absoluto y seguirá la carrera hacia su título, esperando no ser víctima en lo sucesivo de una elección de grupo similar.
OTROS CASOS: EL FACTO CERO
Es importante considerar el FACTOR CERO como posibilidad, en la que ocurren dos cosas: nadie trabaja, caso muy extraño en el que se puede observar que los integrantes del equipo van abandonando uno a uno la universidad, o el utópico caso en el que los cinco integrantes trabajen. Como dije, es una fantasía que raras veces se torna en realidad, porque la experiencia ha demostrado que es muy difícil que la eficiencia sea el norte de cada uno de los integrantes por igual. Está en la naturaleza humana el pensar: “si otro lo va a hacer, entonces ¿por qué debería yo hacerlo?” y otros tantos clichés y frases negativas que no vale la pena nombrar. DE por sí, la iniciativa de aportar no existe en todos los miembros del grupo, por lo que ésta debe ser fomentada por el que asuma el rol de líder (pobre carajo) para así intentar mantener a todos en sintonía.
Algunos grupos pueden tener la capacidad de ir cambiando conforme se vaya desarrollando el trabajo, para lo cual el elemento clave es el control que pueda tener ese líder sobre su grupo. En lo personal, más de una ocasión he sido víctima de motines dignos de un barco pirata. Se puede decir también que he podido ser sujeto en todos los casos arriba mencionados, y lo único que sé con certeza es que la experiencia en verdad deja enseñanzas. Expulsar “integrantes fantasmas” no me hubiese pasado por la cabeza nunca en el colegio, y ciertamente tampoco en los primeros semestres de la universidad, pero conforme uno va dedicándose y entregándose al trabajo, uno va adquiriendo esa sangre fría que le acaba la tolerancia a esa actitud mediocre, explotadora y lastimosa de la que no se quiere ser parte.
En mi universidad me han catalogado ya como una persona seria y déspota, como un dictador que no considera más opiniones que la suya propia. Como dije, al final sólo quedará en la conciencia de cada quien lo que las personas trabajaron o no trabajaron, si se encargaron de mejorar como personas o profesionales o si más bien estaban muy ocupados buscando la destrucción de los demás. A todos ellos les digo: me importa un rábano.
Espero que hayan disfrutado este desahogo, no es un reproche, al contrario, es una manera de hacer divertida una situación demasiado penosa como para ser relatada. Si nos ponemos a ver, son estas pequeñas cosas de la vida las que nos hacen sentir mejores cada día, no con respecto a esa gente mediocre, sino con respecto a uno mismo, porque a pesar de todo, uno sigue cayendo en esas situaciones, pero sigue levantándose y haciendo caso omiso a cuanto brollo de pasillo le lancen.
No hay grupos perfectos, nunca me había quedado más claro. Pero no es un mundo perfecto tampoco. ¡Sería demasiado aburrido!

1 Comments:
Very pretty design! Keep up the good work. Thanks.
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