Desde el charco

miércoles, mayo 31, 2006

La fiesta mundial

Bienvenidos a la fiesta mundial. Para este evento no es necesario tener entrada, ir ataviado de una manera específica o llevar regalo. Es la única fiesta del mundo que no discrimina a ningún invitado, dura sólo un mes, pero la emoción permanece durante muchos años más: Bienvenidos a la Fase Final del Mundial de Fútbol.
En esta ocasión, son 32 los países que se desintegrarán en el campo mientras nosotros, cómodamente desde nuestras casas (algunos con más suerte podrán decir desde el estadio) vemos cómo se caen a piña, comiendo tosticos, maní y cuanta porquería nos pase frente a nuestras narices, cambiando de camisetas conforme los equipos van avanzando a la final. Así somos los venezolanos: pasteleros a más no poder, lo que nos interesa no es la pasión -ya que no tenemos un representante verdaderamente nuestro en el certamen- sino la fiesta. ¿Pueden culparnos? Opino que no.
El mundial despierta lo mejor de la mayoría de las personas. Ya he leído que en muchos países adoptan estrategias interesantes a la hora de enfrentar las fechas de juegos con el horario laboral, algunos suspenden clases, otros no van al trabajo, otros celebran en plena calle junto a completos desconocidos el triunfo de su selección, o comparten la angustia de la derrota esperando hacerlo mejor la próxima vez. ¿Pueden culparlos? Tampoco.
En Maracaibo, ya es costumbre encontrarse gente con las franelas representativas de cualquier cosa, así como las banderitas para el carro. Y generalmente cuando Brasil gana algún partido, nuestras calles se convierten en un pequeño Sao Paulo, papelillo, mujeres denudas, gente borracha, desorden. Pero así somos aquí. Es parte de un proceso comercial donde absolutamente todo negocio de cualquier cosa se va a meter el billete parejo a costa de todos nosotros, incautos de la fiebre del mundial, consumidores sumisos de cuanta promoción, ofertón, quiniela, 2x1, viaje o cachivache exista que tenga relación con la Copa. Nuevamente, no nos pueden culpar.
El fútbol une razas, etnias, religiones, colores, edades, sexos.......pero sobre todo, preferencias políticas. He aquí un instrumento verdaderamente eficaz para ignorar aunque sea por un mes la porquería política de nuestro país y pararle pelota a la pelota, a no ser que el inquilino le de por estropear eso también a punta de cadenas.
Pero bueno, retomando, me considero de esos que faltarán a clase, se meterán en cuanta quiniela hay y festejará con los triunfos y los goles prometidos, en lo que será el llamado "mundial de los delanteros". La mesa está servida para ver en acción a jugadores excelentes y diferentes entre sí, países favoritos que se irán ante la sorpresa de todos, y otros que la gente ni nombra y que se irán colando entre los "grandes" del fútbol.
Con el regreso de la Copa a Europa, Gracias a Dios esta vez contamos con un horario de transmisión en vivo NORMAL....muchos consideran a éste, como el Mundial más esperado de los últimos 8 años, ya que el de Corea-Japón 2002 no existió realmente (de sólo acordarme me da sueño). Así que esperemos sorpresas, goles memorables, figuras revelación y mucha pero mucha fiesta....nos vemos en Alemania!!

lunes, mayo 15, 2006

El valor de los juegos de mesa

Desde nuestros orígenes no precisos, los juegos de mesa han formado parte de la cultura del pueblo en todas las etapas de la vida del hombre, y en las distintas comunidades se han realizados teniendo en cuenta las características propias del lugar. Así, al pasar de los años los juegos se han relacionados con el medio y las características en que han vivido el hombre, estos juegos mantienen importancia vital para la cultura del país y para el empleo del tiempo libre.

Jugando se aprende a tomar las cosas de una forma diferente, alimentando el espíritu lúdico, ese resorte por el que se es capaz de estar horas inmersos en los avatares del juego y abstraídos de casi todo, y por supuesto, de las circunstancias que definen la vida rutinaria. En una partida de ajedrez o en un juego de preguntas y respuestas, los compañeros valorarán la pericia del contrario, pero cuando acabe la partida todo quedará ahí, y cada uno vuelve a ser quien era. Habrá quien quiera siempre ganar, demostrar a los demás que es el que más sabe. Pero también quien adopte una actitud desinteresada, sin inmiscuirse demasiado en el juego.

Por eso, los juegos de mesa forman directa e indirectamente el carácter y la personalidad. Se trata de pasar un buen rato. Un elemento presente -Psicológicamente hablando- y muy positivo, en estas sesiones lúdicas, es la risa. Los roles que cada uno interpreta jugando tienen mucho que ver, lógicamente, con los rasgos de su carácter. Jugando se conoce a la gente de otra manera, y las sorpresas son frecuentes, sobretodo en los niños.

Jugar es también comunicación, una actividad de ocio relajada, divertida y permisiva. En la lotería, bingo, ruleta, quinielas deportivas o máquinas tragamonedas, el azar es el elemento motor, ya que el jugador depende, según los juegos, casi totalmente de la suerte. Pero en los juegos de mesa, aún manteniendo ese componente de azar (la carta que toque o la ficha o tarjeta que salga influye en el resultado final), intervienen decisivamente los conocimientos, la intuición, la pericia, el dominio de los nervios, la capacidad de interpretar las “jugadas” del contrario.

La edad de jugar no se acaba nunca, y según los psicólogos, jugar retrocede a la infancia. Además de los propios elementos del juego, las habilidades y capacidades que se favorecen jugando son muy interesantes. Se ejercita la memoria, la intuición, el estudio de los demás, la experimentación. El juego traslada muchos aspectos de la vida a un marco más permisivo, menos rígido y agobiante.
Puedo decir con todo el orgullo del mundo, que la inclusión de los juegos de mesa en la acertada estrategia -deliberada o no- de mis padres en el desarrollo de mi niñez, jugó un papel primordial. Pedro mi hermano fue mi compañero (y rival) predilecto en cada uno de aquellos encuentros de Monopolio, Carreers (extinto), Buen Viaje, Sorry y otros muchos no menos extraños, apartando el consabido e increíble set de Legos de Juan.
Pero dejando de lado mi opinión sobre lo acertada de aquella estrategia y lo bien que le hace al niño en esa etapa de crecimiento, quiero hacer referencia al ahora, momento en el cual, a mis 27 años, sigo lanzando los dados de los mejores juegos de mesa que existen con amigos no necesariamente menores que yo. Es que hay que reconocerlo: somos enfermos de los juegos de mesa.
Le metemos a todo: desde Risk en todas sus versiones: Risk con plomo, Risk Star Wars, Risk Godstorm, Risk Lord of the Rings (en la foto) Axis and Allies (igualmente: con plomo, Pacific, Europe, etc), Stratego, el juego de estrategia Lord of the Rings (donde a pesar de que se juega en equipo contra un enemigo invisible, perdimos)......y pasando hasta lo más insólito: Imperio Cobra, Uno, Tabú, Asalta la caja, El Padrino y próximamente Clue y cuanta vaina desconocida vaya saliendo, eso si, que sea para mayores de 8 años.
En pocas ocasiones nos preocupa quién será el mejor, quién gana o quién sale peor, pero en otras ocasiones logramos crear escenarios dignos del más alto ranking de club de nerds del mundo, casi compitiendo con los jugadores de rol, quienes tienen su propio mundo paralelo al nuestro.
Los juegos pueden llegar a sorprender a muchos padres, en el caso del ajedrez, puedo decir sin sonar pedante, que me permitió traer medallas y trofeos a mi casa durante todo el tiempo que estuve en el colegio, inclusive después. En el caso del Backgammon, es sorprendente ver cómo Pedro -nuevamente, mi hermano- logró descifrar el enigma que representa entender cómo demonios se juega y ahí está metido en internet jugando con alemanes que son los papas de la molleja esa. En el caso del Monopolio, sorprende ver cómo la gente es capaz de sacar las espuelas en pro de la defensa de su patrimonio, a veces llegando a usar frases como "yo no firmé ningún papel, págame el alquiler" en boca de una amiga en cierta ocasión, jejeje.
Cuando una persona ha comprendido y asimilado el valor de la diversión en algo tan simple como un juego de mesa, es capaz de comprender y apreciar los intereses y preferencias de los demás, siempre dispuesto a compartir las diversiones que otros proponen aunque no sean de su total agrado, porque ha descubierto la importancia de la convivencia.
Los invito a probar, también a jugar cuando les dé la gana.
Creo que el valor de los juegos de mesa va mucho más allá de hacer pasar un buen rato a los niños, también es capaz de mantener la comunicación en los adultos, en familia o amigos.....¿nerds? ¡¡a mucha honra!!

miércoles, mayo 03, 2006

INFIERNO GRUPAL

Existen varias ventajas a la hora de asignar un trabajo en grupo, especialmente si se trata de grupos de numerosos integrantes. Estas ventajas aplican tanto para ciertos miembros del grupo como para el profesorado, el cual recibiría sin duda el mayor beneficio de la estrategia: corregir menos. Otra ventaja palpable de algunos profesores universitarios gira en torno a la “necesidad innecesaria” de tener que conocer a sus estudiantes y tratarlos como entes individuales, aprender de ellos así como ellos aprenden de él. En este caso el docente limita su capacidad en manejarlos como masa, para pasar directamente a lo que es la evaluación del producto: o TODOS lo hicieron bien, o TODOS lo hicieron mal. No hay término medio.

Pero veamos algunas consideraciones con respecto a los estudiantes. Sin duda que existen diferentes puntos de vista y sin duda que muchos de nosotros habremos pasado experiencias tan desagradables como ninguna cuando hemos tenido el lamentable reto de trabajar en un grupo indeseable.

Tomaremos como base o individuo de control un grupo estándar, conformado por cinco (5) integrantes.

CASO I:
4 trabajan, 1 no.

Este es uno de los casos más comunes observados en el ambiente universitario: de los cinco integrantes, 4 han luchado contra las diferencias que pueda haber entre ellos y se han decidido a sacar adelante el trabajo, entrando en conciencia que, después de todo es su propia nota la que está en juego. Un caso extraño lo constituiría el ejemplo de que los cuatro integrantes sean en verdad amigos y se lleven bien, pero para ambos aplica el mismo factor: el integrante restante.

Es este el integrante al que se le suele denominar “fantasma” (en la foto), y no se aparece sino hasta al momento final, uno o dos días antes de presentar el trabajo final (el que los 4 miembros restantes hicieron dejando el pellejo y los huesos). Este “integrante fantasma” también puede alegar cualquier clase de atenuante a su favor: enfermedad grave (sífilis, leucemia, gripe aviar, etc), o muerte de alguno de sus familiares, para lo cual sería inteligente realizar la investigación pertinente y descubrir la verdad (o la mentira).


CASO II:
3 trabajan y 2 no.

Es el clásico “Eje y Aliados”, observado por la Universidad de Míchigan en el año 77. Los tres integrantes que sí quieren trabajar harán caso omiso a cuanto ataque y despotricamiento puedan ofrecer los otros dos miembros del grupo para ofrecer trabas que impidan las reuniones. Ellos simplemente se ocuparán de trabajar de su cuenta y probablemente no les avisen a los otros 2 de las pautas de trabajo. En consecuencia, los dos miembros restantes conformarán una alianza denominada como EJE (término utilizado en la segunda guerra mundial para designar la alianza entre la Alemania nazi y la Italia fascista), cuyo objetivo primordial será llevar a la destrucción a su oponente: la ALIANZA (igual que el anterior, pero en este caso Inglaterra, USA y Rusia son los países), muy a pesar de que la nota del trabajo sea para los cinco en total.

Las armas utilizadas en esta contienda del Eje serán: los papelitos, planfletos para desacreditar y el muy importante y decisivo brollo de pasillo, que tiene el mismo efecto que la onda expansiva de la bomba atómica. La Alianza sólo cuenta con una herramienta para defenderse de todo aquello: la diplomacia y la madurez.


CASO III:
2 trabajan y 3 no.

Parecido al caso anterior pero a la inversa. Trágicamente se voltean los papeles en este caso y ya no puede hablarse de Alianzas ni Eje ya que la vagancia es mayoría y como resultado de ello las pautas de trabajo –si alguna existiese- serán dictadas por ellos, incumplidas por ellos y la culpa residirá en los 2 integrantes que sí quieren trabajar, pero fallarán duramente en el intento de integrarse al modo de vida de los otros tres. Por ende, la enemistad será el patrón dominante en este “grupo”, que olvidará lo más que pueda la ejecución del trabajo hasta la fecha tope de entrega si es posible, para la cual los puntos serán repartidos entre los integrantes y su desarrollo dependerá exclusivamente del azar.

Como producto de una mala administración y ausente liderazgo, los puntos no serán desarrollados a plenitud, lo que traerá como consecuencia una nota deficiente que irá conforme a la siguiente escala:
· 01 a 05: Merecido.
· 06 a 09: Si hubiesen trabajado como es, hubiesen pasado.
· 10 a 15: Demasiada suerte, o el profesor fue sobornado.
· 16 a 20: -No aplica-


CASO IV:
1 trabaja, 4 no.

En este caso no existe el grupo. Es una situación muy común y se puede afirmar con seguridad que de este caso es que nacen los buenos profesionales de cada área. El integrante, al ver que no cuenta con la ayuda ni disposición de los demás miembros de su equipo, buscará asesoramiento en otras fuentes, contando además con todo el respaldo del docente en este caso. De esta manera, al momento de “rodar cabezas” si el trabajo no pudiese ser terminado, rodarán de manera INDIVIDUAL, salvando el integrante su participación. En la otra cara de la moneda, si el trabajo fuese terminado por el integrante, éste no objetará la ausencia de participación de los demás miembros, sino que dejará al destino como ejecutor de sus propias mediocridades.

Está demás decir que el integrante responsable será visto por los demás como antisocial, egoísta, mezquino e inclusive extraterrestre, ataques para los cuales él no se molestará en absoluto y seguirá la carrera hacia su título, esperando no ser víctima en lo sucesivo de una elección de grupo similar.


OTROS CASOS: EL FACTO CERO

Es importante considerar el FACTOR CERO como posibilidad, en la que ocurren dos cosas: nadie trabaja, caso muy extraño en el que se puede observar que los integrantes del equipo van abandonando uno a uno la universidad, o el utópico caso en el que los cinco integrantes trabajen. Como dije, es una fantasía que raras veces se torna en realidad, porque la experiencia ha demostrado que es muy difícil que la eficiencia sea el norte de cada uno de los integrantes por igual. Está en la naturaleza humana el pensar: “si otro lo va a hacer, entonces ¿por qué debería yo hacerlo?” y otros tantos clichés y frases negativas que no vale la pena nombrar. DE por sí, la iniciativa de aportar no existe en todos los miembros del grupo, por lo que ésta debe ser fomentada por el que asuma el rol de líder (pobre carajo) para así intentar mantener a todos en sintonía.

Algunos grupos pueden tener la capacidad de ir cambiando conforme se vaya desarrollando el trabajo, para lo cual el elemento clave es el control que pueda tener ese líder sobre su grupo. En lo personal, más de una ocasión he sido víctima de motines dignos de un barco pirata. Se puede decir también que he podido ser sujeto en todos los casos arriba mencionados, y lo único que sé con certeza es que la experiencia en verdad deja enseñanzas. Expulsar “integrantes fantasmas” no me hubiese pasado por la cabeza nunca en el colegio, y ciertamente tampoco en los primeros semestres de la universidad, pero conforme uno va dedicándose y entregándose al trabajo, uno va adquiriendo esa sangre fría que le acaba la tolerancia a esa actitud mediocre, explotadora y lastimosa de la que no se quiere ser parte.

En mi universidad me han catalogado ya como una persona seria y déspota, como un dictador que no considera más opiniones que la suya propia. Como dije, al final sólo quedará en la conciencia de cada quien lo que las personas trabajaron o no trabajaron, si se encargaron de mejorar como personas o profesionales o si más bien estaban muy ocupados buscando la destrucción de los demás. A todos ellos les digo: me importa un rábano.

Espero que hayan disfrutado este desahogo, no es un reproche, al contrario, es una manera de hacer divertida una situación demasiado penosa como para ser relatada. Si nos ponemos a ver, son estas pequeñas cosas de la vida las que nos hacen sentir mejores cada día, no con respecto a esa gente mediocre, sino con respecto a uno mismo, porque a pesar de todo, uno sigue cayendo en esas situaciones, pero sigue levantándose y haciendo caso omiso a cuanto brollo de pasillo le lancen.

No hay grupos perfectos, nunca me había quedado más claro. Pero no es un mundo perfecto tampoco. ¡Sería demasiado aburrido!